Memorias en la pantalla. Latinoamérica ayer y hoy


Reconstruyendo identidades con retacitos de memoria
Por Verdad y Justicia. ¡Nunca Más!
Por la vida y la alegría ...


«-»
«Mi papá me enseñó a luchar»
Regalo de una hija a su padre.
En el dorso, entre otras cosas,
como dedicatoria se lee la estrofa de Silvio Rodríguez
(en Canción del elegido):
“lo más terrible se aprende enseguida
y lo hermoso nos cuesta la vida”


«-»

MEMORIAS EN LA PANTALLA
Películas y audiovisuales que por su género contribuyen
para narrar el hoy y la historia de América Latina,
la heroicidad de sus luchas populares,
poniendo al desnudo la criminalidad extrema de liberalismos (y neoliberalismos)
y de las democracias exportadas (por los civilizadores de turno);
películas que repican y redoblan sueños y fracasos, penas y esperanzas;
que nos ayudan a interrogarnos profundamente indagando en el pasado.

«-»

MEMORIAS EN LA PANTALLA
Documento en formato pdf

«-»

SALA YUCATAN
Programación - Largometrajes

«««-»»»

Tejiendo memorias ...
Un elefante ocupa mucho espacio


Donde hubo fuegos cenizas quedan
Tejiendo memorias. Reconstruyendo identidades


«Un elefante ocupa mucho espacio»,
un libro infantil prohibido por la dictadura argentina en 1977.

«-»

Un elefante ocupa mucho espacio
de Elsa Bornemann

Que un elefante ocupa mucho espacio lo sabemos todos. Pero que Víctor, un elefante de circo, se decidió una vez a pensar “en elefante”, esto es, a tener una idea tan enorme como su cuerpo... ah... eso algunos no lo saben, y por eso lo cuento:

Verano. Los domadores dormían en sus carromatos, alineados a un costado de la gran carpa. Los animales velaban desconcertados. No era para menos: cinco minutos antes, el loro había volado de jaula en jaula comunicándoles la inquietante noticia.

El elefante había declarado huelga general
y proponía que ninguno actuara en la función del día siguiente.

–¿Te has vuelto loco, Víctor? –le preguntó el león, asomando el hocico por entre los barrotes de su jaula. –¿Cómo te atreves a ordenar algo semejante sin haberme consultado?
¡El rey de los animales soy yo!

La risita del elefante se desparramó como papel picado en la oscuridad de la noche:

–Ja. El rey de los animales es el hombre, compañero.
Y sobre todo aquí, tan lejos de nuestras anchas selvas...

–¿De qué te quejas, Víctor? –interrumpió un osito, gritando desde su encierro–.
¿No son acaso los hombres los que nos dan techo y comida?

–Tú has nacido bajo la lona del circo... –le contestó Víctor dulcemente–. La esposa del domador te crió con mamadera... Solamente conoces el país de los hombres y no puedes entender, aún, la alegría de la libertad...

–¿Se puede saber para qué hacemos huelga? –gruñó la foca,
coleteando nerviosa de aquí para allá.

–¡Al fin una buena pregunta! –exclamó Víctor, entusiasmado, y ahí nomás les explicó a sus compañeros que ellos eran presos... que trabajaban para que el dueño del circo se llenara los bolsillos de dinero... que eran obligados a ejecutar ridículas pruebas para divertir a la gente... que se los forzaba a imitar a los hombres... que no debían soportar más humillaciones y que patatín y que patatán. (Y que patatín fue el consejo de hacer entender a los hombres que los animales querían volver a ser libres... Y que patatán fue la orden de huelga general...).

–Bah... pamplinas... –se burló el león–. ¿Cómo piensas comunicarte con los hombres?
¿Acaso alguno de nosotros habla su idioma?

–Sí –aseguró Víctor–. El loro será nuestro intérprete –y enroscando la trompa en los barrotes de su jaula, los dobló sin dificultad y salió afuera. Enseguida, abrió una tras otra las jaulas de sus compañeros.

Al rato, todos retozaban en torno a los carromatos. ¡Hasta el león!

Los primeros rayos de sol picaban como abejas zumbadoras sobre las pieles de los animales cuando el dueño del circo se desperezó ante la ventana de su casa rodante. El calor parecía cortar el aire en infinidad de líneas anaranjadas... (Los animales nunca supieron si fue por eso que el dueño del circo pidió socorro y después se desmayó, apenas pisó el césped...).

De inmediato, los domadores aparecieron en su auxilio:

–Los animales están sueltos! –gritaron a coro, antes de correr en busca de sus látigos.

–¡Pues ahora los usarán para espantarnos las moscas! –les comunicó el loro no bien los domadores los rodearon, dispuestos a encerrarlos nuevamente.

–¡Ya no vamos a trabajar en el circo!
¡Huelga general, decretada por nuestro delegado, el elefante!

–¿Qué disparate es este? ¡A las jaulas! –y los látigos silbadores ondularon amenaza-doramente.

–¡Ustedes a las jaulas! –gruñeron los orangutanes.

Y allí mismo se lanzaron sobre ellos y los encerraron. Pataleando furioso, el dueño del circo fue el que más resistencia opuso. Por fin, también él miraba correr el tiempo detrás de los barrotes.

La gente que esa tarde se aglomeró delante de las boleterías,
las encontró cerradas por grandes carteles que anunciaban:

CIRCO TOMADO POR LOS TRABAJADORES.
HUELGA GENERAL DE ANIMALES

Entretanto, Víctor y sus compañeros trataban de adiestrar a los hombres:

–¡Caminen en cuatro patas y luego salten a través de estos aros de fuego!

–¡Mantengan el equilibrio apoyados sobre sus cabezas!

–¡No usen las manos para comer!

–¡Rebuznen! ¡Maúllen! ¡Píen! ¡Ladren! ¡Rujan!

–¡Basta, por favor, basta! –gimió el dueño del circo al concluir su vuelta número dos-cientos alrededor de la carpa, caminando sobre las manos–. ¡Nos damos por vencidos! ¿Qué quieren?

El loro carraspeó, tosió, tomó unos sorbitos de agua
y pronunció entonces el discurso que le había enseñado el elefante:

–... Conque esto no, y eso tampoco, y aquello nunca más, y no es justo, y que patatín y que patatán... porque... o nos envían de regreso a nuestras anchas selvas... o inauguramos el primer circo de hombres animalizados, para diversión de todos los gatos y perros del vecindario.
He dicho.

Las cámaras de televisión transmitieron un espectáculo insólito aquel fin de semana: en el aeropuerto, cada uno portando su correspondiente pasaje en los dientes (o sujeto en el pico, en el caso del loro), todos los animales se ubicaron en orden frente a la puerta de embarque
con destino al África.

Claro que el dueño del circo tuvo que contratar dos aviones: en uno viajaron los tigres, el león, los orangutanes, la foca, el osito y el loro. El otro fue totalmente utilizado por Víctor...
porque todos sabemos que un elefante ocupa mucho, mucho espacio...

«-»

Un elefante ocupa mucho espacio,
de Elsa Bornemann
edición completa de la obra, en formato pdf

Un elefante ocupa mucho espacio


«-»

Despedida y homenaje: El año verde

El año verde en la escuela,
(5’38”)

El Año Verde


«-»

Texto, en formato pdf:

El Año Verde


«-»

Audio con la lectura,
(5’51”)

El Año Verde


«-»

«Bien verdes,
como los años que
–todos juntos—
han de construir día por día»,
resuena el eco en los valles
y remonta las faldas de las montañas...

«-»

Fantasías ...

Es hora de acostarnos, leer un libro
y ponernos a dormir.
... con el augurio de muy felices sueños.

«««-»»»

Tejiendo memorias ...
El año verde


Donde hubo fuegos cenizas quedan
Tejiendo memorias. Reconstruyendo identidades


«El año verde»,
un cuento de un libro infantil prohibido por la dictadura argentina en 1977.

«-»

El Año Verde
de Elsa Bornemann

Asomándose cada primero de enero desde la torre de su palacio, el poderoso rey saluda a su pueblo, reunido en la plaza mayor. Como desde la torre hasta la plaza median aproximadamente unos setecientos metros, el soberano no puede ver los pies descalzos de su gente.

Tampoco le es posible oír sus quejas (y esto no sucede a causa de la distancia,
sino, simplemente porque es sordo...).

–¡Buen año nuevo! ¡Que el cielo los colme de bendiciones! –grita entusiasmado, y todas las cabezas se elevan hacia el inalcanzable azul salpicado de nubecitas
esperando inútilmente que caiga siquiera alguna de tales bendiciones...

–¡El año verde serán todos felices! ¡Se los prometo!
–agrega el rey antes de desaparecer hasta el primero de enero siguiente.

–El año verde... –repiten por lo bajo los habitantes de ese pueblo
antes de regresar hacia sus casas– El año verde...

Pero cada año nuevo llega con el rojo de los fuegos artificiales disparados desde la torre del palacio... con el azul de las telas que se bordan para renovar las tres mil cortinas de sus ventanas... con el blanco de los armiños que se crían para confeccionar las puntosas capas del rey... con el negro de los cueros que se curten para fabricar sus doscientos pares de zapatos... con el amarrillo de las espigas que los campesinos siembran
para amasar –más tarde– panes que nunca comerán...

Cada año nuevo llega con los mismos colores de siempre.
Pero ninguno es totalmente verde...
Y los pies continúan descalzos...
Y el rey sordo.

Hasta que, en la última semana de cierto diciembre, un muchacho toma una lata de pintura verde y una brocha. Primero pinta el frete de su casa, después sigue con la pared del vecino, estirando el color hasta que tiñe todas las paredes de su cuadra, y la vereda, y los cordones, y la zanja... Finalmente; hunde su cabeza en otra lata y allá va,
con sus cabellos verdes alborotando las calles del pueblo:

–¡El aire ya huele a verde! ¡Si todos juntos lo soñamos,
si lo queremos, el año verde será el próximo!

Y el pueblo entero, como si de pronto un fuerte viento lo empujara en apretada hojarasca, sale a pintar hasta el último rincón. Y en hojarasca verde se dirige luego a la plaza mayor, festejando la llegada del año verde. Y corren con sus brochas empapadas para pintar el palacio por fuera y por dentro. Y por dentro está el rey, que también es totalmente teñido. Y por dentro están los tambores de la guardia real, que por primera vez baten alegremente
anunciando la llegada del año verde.

–¡Que llegó para quedarse! –gritan todos a coro,
mientras el rey escapa hacia un descolorido país lejano.

Ese mes de enero llueve torrencialmente. La lluvia destiñe al pueblo y todo el verde cae al río y se lo lleva el mar, acaso para teñir otras costas... Pero ellos ya saben que ninguna lluvia será tan poderosa como para despintar el verde de sus corazones, definitivamente verdes.
Bien verdes, como los años que –todos juntos—han de construir día por día.

«-»

Un elefante ocupa mucho espacio
Un libro publicado en 1975 por “Librerías Fausto”.

«-»

Texto, en formato pdf:

El Año Verde


«-»

Audio con la lectura:

1) El Año Verde

2) El Año Verde

«-»

«En octubre de 1977, los quince cuentos que integran “Un elefante ocupa mucho espacio”, de Elsa Isabel Bornemann, fueron prohibidos por Decreto N° 3155 del Poder Ejecutivo Nacional por considerarse que “se trata de cuentos destinados al público infantil con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria para la tarea de captación ideológica del accionar subversivo” y que “de su análisis surge una posición que agravia a la moral,
a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone”
.

En ese momento, el país era presidido por una Junta de Comandantes de las Fuerzas Armadas, con Jorge Rafael Videla a la cabeza. Se había instalado fuertemente un Estado terrorista, responsable de la desaparición de miles de personas y de la implementación de una política económica neoliberal y antipopular. En consonancia con ello, prohibió a cientos de intelectuales, artistas y sus obras. La dictadura poseía un control férreo de la política cultural, educativa, y sobre los medios de comunicación; y censuró canciones, películas y libros. Según ellos, ésta era la vía que aprovechaba la «subversión» para «envenenar mentes»,
especialmente las de niñ@s y jóvenes.»

Fuente:
habiaunavestruz, apuntes sobre literatura infantil


«-»

«Bien verdes, como los años que –todos juntos—han de construir día por día»,
resuena el eco en los valles y remonta las faldas de las montañas ...

«-»

Fantasías ...

Es hora de acostarnos, leer un libro
y ponernos a dormir.
... con el augurio de muy felices sueños.

«««-»»»

Latinoamérica en lucha
El diario de Carmenza


Donde hubo fuegos cenizas quedan
Reconstruyendo identidades con retacitos de memoria
Toma de la embajada de la República Dominicana, por el M-19, en Colombia,
27/febrero/1980.
Se ve los ojos de “la Chiqui”, Carmenza Cardona Londoño.
En la silla el Nuncio Apostólico Monseñor Angelo Acerbi sentado en primer plano,
un poco atrás, el Embajador de Guatemala, Aquiles Pinto Flores.
En la Embajada de la República Dominicana se celebraba un cocktail con varios embajadores,
entre ellos el de Estados Unidos.
61 días duró la toma.

«-»


“Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia
cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo.
Es la cualidad más linda de un revolucionario.”

Che Guevara, Carta a sus hijos

Por la vida y la alegría ...

«-»

El diario de Carmenza
por Gustavo Petro

Hace unos días me encontré en mi casa con un exgeneral del Ejército. Me contó que de joven había estado al frente de la tarea de perseguirme y capturarme en Zipaquirá. Me presentó a su esposa y conversamos como viejos conocidos, como ex militares de una guerra añeja, perpetua, que ambos deseamos que se acabe. Nos encontramos como amigos. Él, lleno de victorias militares y yo, con mis mismos deseos de joven, quizás también de victorias, si como victoria entendemos el simple hecho de seguir vivos.

Hablando con él, llegamos a la conclusión de que quienes hacen la guerra en Colombia no son en realidad los hombres de uniforme, sino los políticos, los que se apropian del poder y la riqueza.

El exgeneral me trajo un regalo que me hizo estremecer, un obsequio que me deja una herida, un dolorcillo en el corazón, una tristeza, una nostalgia. Me entregó las fotocopias del diario de campaña de “La Chiqui”: Carmenza Cardona Londoño. La jovencita que puso a sus pies al gobierno de Turbay, en la toma de la Embajada Dominicana. La mujer, pequeña de estatura, pero de inmensa valentía, que con su brazo en alto y su capucha nos puso a soñar a muchos, cuando le gritó a toda Colombia, en 1980: ¡Dignidad!

En una agenda de Ecopetrol, Carmenza, quien se hacía llamar Natalia, escribió su día a día. Narró casi cuatro meses de travesía armada por el Chocó, desde el mar donde desembarcó con sus compañeros soñadores, hasta el Alto Andagueda, ya en Risaralda.

Devoré ese diario en menos de dos horas hasta que llegué a la página en blanco que seguía a su última palabra. Ese blanco inmenso en el que más nunca escribirá ella; ese blanco que ya no se llenará de palabras; el blanco de un autor desaparecido, el blanco de las palabras que ya no estarán. Esa página en blanco, al final de su última palabra, estaba llena de su muerte en combate. Ese blanco que me dejó un nudo en la garganta, una impotencia.

Allí en esas páginas, con su clara letra femenina, volví un poco a reencontrarme. Era abril de 1981, yo tenía 21 años cuando eso. Quizás había festejado mi cumpleaños con mi mama, mi padre, y mis hermanos, quizás estaba aún tranquilo soñando revoluciones en Zipaquirá, aún estudiante de economía, mientras ella, a punta de valentía, atravesaba esas selvas espesas y esos ríos caudalosos, soportando la persecución permanente de los helicópteros
y la infantería del ejército.

Su diario estaba en su mochila ensangrentada y les permitió saber a quienes la abatieron, su nombre, su gigante significado, el símbolo enorme de aquella que estaba arrojada en la trocha, en medio de aquel inmenso verde esplendoroso que admiró el día anterior, y sobre el cual escribió. Seguro algún mando del ejército guardó ese diario, y seguro alguien le sacó fotocopias. Sin que nadie en Colombia lo supiera, el diario esperó 40 años, mucho más que la edad que alcanzó a tener su autora, antes de llegar a mis manos. Ahora no puedo menos que comprometerme a publicarlo.

Leyendo esas páginas encontré mis propios recuerdos, los bríos que nos acompañaban e impulsaban, esa ingenuidad romántica de pensar que Colombia se podía cambiar, esa ilusión de joven, de mujer, rompiendo el dolor físico, las llagas de sus pies, el dolor de su columna por el peso. Ese trasegar sin quejas día y noche, esos días llenos de lluvias, de marchas, de hambre, persiguiendo como se persigue una estrella, una idea, un sueño.

Las rutinas azarosas de los días pasaron por esas páginas. Los últimos meses de la vida de Carmenza Cardona están allí escritos con doloroso amor. Acababan de celebrar un 19 de abril y en su última página escrita se apreciaba un nivel moral tan alto, un sentimiento de victoria tan sublime, que en cierta forma era también un sentimiento de paz. De haber logrado la proeza de atravesar durante meses las tierras del Chocó para llegar luego a las altas tierras desde donde soñaba con hacer una revolución, hubiera convergido en un torrente enorme
de transformación para el país.

Su cuerpo nunca fue entregado. Está enterrado allí en esas tierras de indígenas emberas y, sin embargo, hoy una parte de su vida está entre mis manos.
Su diario la resucita, para las mujeres jóvenes de hoy.

Toma de la embajada de la República Dominicana, por el M-19, en Colombia,

«-»



Allí en esas páginas hay un hilo conductor. Su paso por caseríos innombrables, lejanos y aislados, llenos de mineros negros y pescadores, de indígenas emberas.

Nos describe Carmenza, la pobreza, el hambre, el abandono. La alegría de esos pueblos al recibir a los hombres y mujeres del M19, el encuentro con la esperanza.

Pueblos negros descendientes de los esclavos que trajeron los españoles a la fuerza y sobre los cuales construyeron un sistema económico y político que aún nos persigue.

Carmenza encontraba en esa pobreza, que a veces se lee insípida en los libros, en las estadísticas, desde las oficinas de los burócratas que gobiernan en Bogotá, el afán de superarla y de vivir. Al dormir allí en los mismos ranchos, al comprar una vaca para darle por primera vez carne a los niños negros, al compartir las escasas medicinas que traía con personas que jamás habían visto un médico, Carmenza se llenaba de ganas de luchar, le encontraba sentido a su existencia.

Pasó cerca de Istmina, por el San Juan, y cruzó el rio Andagueda donde los esperaba una emboscada, combatió dos veces, pero llenó sobre todo sus días, de selva, de lluvias, y del pueblo más pobre de Colombia.

Nunca pensó en desertar o salir corriendo, ni una sola palabra de flaqueza en su diario, nunca un reproche o un resentimiento. A través de su diario se nota que, por esas selvas y esos recónditos parajes de la pobreza colombiana, transitaba una mujer joven llena de amor, transitaba el amor. Porque en lo más inhóspito siempre está el amor.

Carmenza sabía que recorría las tierras de los descendientes de la gente que se había liberado de cadenas, huyendo. Los esclavistas jamás dejaron el poder en Colombia. Se vistieron de virreyes y después de libertadores. Se dieron libertad a sí mismos y luego destruyeron a quienes clamaban por una libertad real para toda la sociedad, hasta que destruyeron el mismo ejercito libertador. Hasta que hicieron de la palabra democracia una burla.

Los esclavistas siguieron gobernando hasta llegar a los tiempos de Carmenza y desde sus privilegios cómodos le lanzaron un ejército para matarla. Ella que se llenaba del aliento de la libertadora de esclavos.

En ese Chocó abandonado, y en el litoral del Valle y del Cauca, y de Nariño, y en los barrios populares de Bogotá, y de Cali, y de Medellín, están los descendientes de estos pueblos emberas y negros que encontraba Carmenza a su paso.

En las décadas que siguieron a la muerte de Carmenza, siguió el desplazamiento del pueblo que abrazaba, siguió la toma mafiosa y paramilitar del territorio, se abalanzó sobre esas tierras el vandalismo de los politiqueros, llegó la minería ilegal que desataron los lavadores de dólares, décadas después. Llegó el destrozo de su territorio, de sus ríos, de sus selvas, la gente salió de allí despavorida e inundó de pobres los barrios de las ciudades.

No lo supo Carmenza, pero de los pueblos pobres que veía, las gentes con las que se abrazaba y bailaba y cantaba, y hablaba de ideas revolucionarias y de un país distinto y justo, tuvieron que salir corriendo con lo poco que tenían, con familias y niños en los brazos, en noches oscuras por ríos miedosos y selvas tupidas, llenos de terror,
desplazados por los oscuros gobiernos de los esclavistas.

El pueblo que vio por última vez a Carmenza, nunca sospechó que aquella jovencita en aquellos remotos y húmedos lugares, era la misma que había puesto el mundo a negociar con ella, la misma que había dado órdenes al embajador de los EEUU para que barriera bien la cocina y atendiera con humildad a sus compañeros embajadores, la misma que le había dicho al país que era necesario un Dialogo Nacional para reconstruir la Patria.

La misma que se hizo escuchar del presidente de la república y que había logrado que las primeras páginas de los principales diarios del mundo le sacaran esa, su foto icónica, de mujer bravía gritándole a la humanidad sus verdades.

Ese pueblo que la quería viviendo en esos caseríos y ranchos miserables, terminarían mucho tiempo después de su propia muerte, desplazados, aterrorizados, convertidos en los parias de la tierra, en los parias de siempre, en las víctimas de la injusticia.

Un rio negro y embera saldría de la selva para refugiarse en la gran ciudad, en la Medellín, en la Capital de la República, esperando el abrazo solidario. El que ellos mismo darían si un ciudadano de Medellín, Cali o Bogotá llegase hasta sus tierras, como se lo dieron a Carmenza.

Al acabar de leer el diario, mire mi celular y sus redes. La noticia era la masacre de cinco niños negros en un barrio popular de Cali. Una masacre de niños, como las de los niños bombardeados. 400 niños caídos, bombardeados, miles de niños fusilados, decenas de miles de niños muertos por el hambre y la sed.

Juan Manuel Montaño de15 años, Jair Andrés Cortés de 14 años, Jean Paul Perlaza de 15 años, Leyder Cárdenas de 15 años, Álvaro José Caicedo de 14 años. Todos niños negros, degollados en Llano Verde, cerca de la policía.

Niños degollados ante hombres de machetes ensangrentados que eran miembros de la seguridad de un gran cañaduzal, hombres de negro armados de machete junto a la policía, custodios de una riqueza ajena, la de los antiguos esclavistas, la que monopoliza el uso de la tierra del Valle del Cauca, la que consume la mayor parte de su agua, niños degollados tirados en el cañaduzal donde trabajaron sus padres, sus abuelos sus bisabuelos, sus ascendientes esclavos, esclavos que también eran asesinados en la tierra de los esclavistas.

Una masacre más entre centenares de masacres de Colombia.
La masacre del pueblo negro. El genocidio.

Jóvenes a los que, quienes gobiernan el país miran con desdén o ni siquiera miran. A los que les cierran las puertas de la universidad y del buen vivir. A los que persiguen permanentemente bajo el mirar de una policía que aún no entiende que su papel es protegerlos. Jóvenes abandonados por la injusticia social. Hijos descendientes de los esclavos, de los que trajeron a la fuerza para explotar y hacer riqueza para otros.

En esa Cali, donde quedaron condenados al olvido, mientras los apellidos de los esclavistas, después de cinco siglos continúan resplandeciendo en las altas esferas del estado. Descendientes de esclavistas de quienes no solo conservan el apellido, sino la mentalidad del liberticida.

Esos jóvenes eran los que Carmenza abrazaba, 40 atrás. Cuatro décadas han pasado y la misma alevosía, la misma pobreza, la misma violencia.

40 años han pasado desde que Carmenza escribía el dolor y la rabia que le causaba la pobreza de la gente que encontraba en su deambular de Quijote, y hoy el paisaje social, la realidad del pueblo negro e indígena es la misma.

Colombia es injusta. Un solo norteamericano negro muerto por la policía desencadenó la oleada social que está a punto de acabar con un mandato oprobioso: el de Trump. Aquí miles de jovencitos negros han sido asesinados y la respuesta es el silencio. La apatía de una sociedad acostumbrada a la muerte. Un país que normaliza la violencia y la sumisión.

Colombia Humana ganó electoralmente en la misma tierra por donde anduvo Carmenza. Ganamos en San Juan y en Istmina, los emberas nos apoyaron y cobijaron con sus espíritus nuestra candidatura. Por esas selvas, casi de regreso por el camino que tomó Carmenza, se produjo una oleada electoral de cambio. Ella entró con sus armas, su amor, sus ilusiones, nosotros recorrimos sus pasos con la palabra, el celular que nunca conoció, el pueblo desarmado. Quizás ambos vientos, los que la acompañaron a ella, los que nos acompañaron a nosotros casi cuarenta años después, se encontraron, quizás se entrecruzaron en vientos huracanados, quizás se besaron.

Por las poblaciones de todo el litoral pacífico, por los pueblos y veredas que desde la Boca del San Juan hasta el Risaralda votaron en forma tan mayoritaria y contundente por nuestras ideas y programas, es que debemos entender que la Colombia Humana está para generar la esperanza, para generar una nueva libertad, para generar emancipación.

Aún millones de personas no han entendido que mientras se masacre a los niños, mientras se masacren a los pueblos, mientras nos olvidemos de la Colombia profunda y abandonada, en la gran ciudad y en las selvas, jamás habrá paz.

Carmenza negoció la libertad de decenas de embajadores en una camioneta, ante funcionarios asustados por su juventud y su feminidad digna, pero Carmenza también descubrió que la verdadera paz no llegaría hasta que un dialogo de toda la sociedad permitiría la democracia verdadera y la justicia social, hasta que esos seres humildes y negros que abrazaba con su candor de revolucionaria, no encontraran la Justicia, el cobijo de un estado democrático, la emancipación de ser dueños de su tierra, de sus ríos y de su cielo.

Carmenza en su travesía se encontró con el corazón de Colombia. Hoy sabemos que ese corazón rodea atribulado los hogares de los niños degollados en tierras de los descendientes de los esclavistas. Carmenza allá enterrada en un sitio desconocido en una tierra sorprendentemente verde y Colombia aquí adolorida, saben que el día en que ningún niño sea asesinado, ningún negro, indígena, mujer o trabajador excluido, brillará el comienzo de la historia de un gran país, de una Colombia que merecerá el título de humana.

Fuente:
Cuarto de hora


«««-»»»

Toma de la embajada de la República Dominicana, por el M-19, en Colombia.

«-»

Retacitos de la Memoria
SOMOS MEMORIA Y RESISTENCIAS

«««-»»»

Al pie de la parva
En memoria de Nibia Sabalsagaray


Reconstruyendo identidades con retacitos de memoria
Por Verdad y Justicia. ¡Nunca Más!
Por la vida y la alegría ...

«««°»»»

Nibia Sabalsagaray
(10/09/1949 - 29/06/1974)

Nueva Helvecia, Juan Lacaze y Montevideo

Nibia Sabalsagaray nació en setiembre de 1949 en Nueva Helvecia y siendo niña sus padres, con sus otros hijos Ana y Juan, se trasladaron a Juan Lacaze, llamados por el entonces floreciente trabajo en la fábrica textil. Allí en Juan Lacaze Nibia fue a la escuela N° 39, allí nació su hermana Stella y allí vivió Juan, su hermano, y allí también conoció temprananamente el dolor con la muerte de su madre.

En Montevideo, Nibia fue militante del Instituto de Profesores Artigas y de la UJC, y el 29 de junio de 1974 fue secuestrada en el Hogar Textil de Juan Lacaze, falleciendo a las pocas horas a causa de las torturas.

«-»


Retacitos de la Memoria

El domingo 27 de junio se 2014 fue inaugurada en Juan Lacaze, departamento de Colonia, una muestra itinerante de homenaje a Nibia Sabalsagaray, a 40 años de su asesinato (crimen por el cual fue condenado el general Miguel Dalmao).

Llevando a cabo la inauguración, hablaron, entre otros, Omar Moreira, escritor y profesor (que también fuera profesor de literatura de Nibia); Rosario Peyrou y Antonia Yáñez, profesoras y amigas de Nibia.

Concluyendo la inauguración de la muestra, se exhibió un documental del realizador Daniel Estévez, con historias y testimonios de quienes de una u otra forma estuvieron ligados a la joven: Tatiana Oroño lee el poema de su autoría «Carta a Nibia»; la profesora Antonia Yáñez recuerda sus tiempos de estudiante con Nibia; el ex intendente de Canelones Marcos Carámbula relata cómo siendo un avanzado estudiante de medicina realizó la autopsia al cuerpo de Nibia, desbaratando las mentiras de la dictadura; Oscar Curutchet, el tío, se adentra en el entorno familiar; Juan cuenta como era su hermana; Omar Moreira como profesor de Nibia describe sus facetas como avanzada estudiante; Walter Cruz cuenta una anécdota cuando el padre, Elbio ‘el Negro’ Sabalsagaray, fue despedido de la textil Campomar y Soulas de Juan Lacaze por «notoria mala conducta», que traducido del lenguaje de la dictadura al normal es «por haber participado en la huelga general contra el golpe de Estado y ser comunista»; y cierra el estudiante Egue Vaz con un emocionante relato de aquellos días de la tragedia y como al año siguiente al cumplirse el primer aniversario del asesinato, se las ingeniaron en plena dictadura para homenajear a Nibia Sabalsagaray.

«-»

(*) También se puede ver el audiovisual (duración 20’38”),

Homenaje a Nibia Sabalsagaray


«««-»»»

Audiovisual:

Nibia Sabalsagaray. Yo vengo a ofrecer mi corazón

Duración: 3’53”


Música
Yo vengo a ofrecer mi corazón,
composición de Fito Páez,
interpretada por Tania Libertad.

«-»

Yo vengo a ofrecer mi corazón

¡Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

No será tan fácil, ya sé que pasa,
no será tan simple como pensaba,
como abrir el pecho y sacar el alma,
una cuchillada de amor.

Luna de los pobres siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Como un documento inalterable,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo, y me darás algo,
algo que me alivie un poco más.

Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y hablo de países y de esperanzas,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo de cambiar ésta, nuestra casa,
de cambiarla, por cambiar nomás.

¡Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón.
¡Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón.

«-»

Galería de imágenes
(*) Nibia Sabalsagaray. Exposición en Juan Lacaze

Homenaje a Nibia Sabalsagaray



«««-»»»
Movilización obrera;
textiles de la fábrica Campomar de J. Lacaze.
Exposición en la Biblioteca “José Enrique Rodó”,
Juan Lacaze, Depto. de Colonia.

«-»

POR TODOS ELLOS
SOMOS MEMORIA Y RESISTENCIAS


«««-»»»

Reconstruyendo identidades
con retacitos de memoria


A 49 años del golpe de Estado,
este 27 de Junio marchamos
"¿De qué nos sirve la libertad
si no hay justicia, María Pilar?"

De la canción de Teresa Parodi: María Pilar.
Mural en el Instituto de Profesores Artigas, Montevideo.


Contra la historia oficial,
somos memoria y resistencias

«««°»»»

CUENTO PARA NO OLVIDAR JAMÁS

Era una madrugada gris, con una llovizna de ésas que no paran así nomás. Mi madre comenzó a recordar con esa frase “madrugada gris” y a partir de ahí comienzo a comprender que lo que me cuenta es realmente oscuro y que está muy oculto en su corazón.

Si le preguntan qué color tenía, dice gris.

Si le preguntan con que imagen lo asocia, dice muerte.

El día del golpe; las calles silenciosas, las caras duras y perplejas.

Ahí en el barrio se gestó la solidaridad y la creatividad, atrás de cada puerta, porque la resistencia adoptó mil vertientes.

Juntar dinero y alimentos para los obreros en huelga se convirtió en su tarea y apuntó al barrio; se golpearon puertas y se recibió aún de los que no se esperaba nada, desde dos huevos hasta grandes sumas de dinero.

Todo era clandestino, hasta la más pequeña tarea debía hacerse de tal manera que pasara desapercibida, porque las calles estaban decoradas por patrulleros, el ejército, la marina y las “fuerzas conjuntas”; a toda hora, en todo lugar había que cuidarse de ellos.

¿Quién no tuvo miedo? La cuestión era transformarlo en acción.

Y aquel 9 de Julio de 1973, este pueblo que a veces no entendemos, transformó el miedo en acción. A las 17 hs era la cita en 18 de julio; el 188 iba lleno y el silencio era total. En 18 y Cuareim se bajaron todos, el destino era el mismo “NO AL GOLPE”; pero de golpe, un pueblo entero probó palos, gases, agua, tiros, caballos; miles de personas sufriendo la represión.

Muchos negocios que estaban abiertos escondían a la gente,
porque para los milicos estaba todo permitido.

Allá en el IPA el 18 de Junio del 75 cuando la dictadura reprimía cada vez más y de modo más “eficiente”, se tenía como gremio el CEIPA y se había decidido poner una frase de Artigas en los pizarrones el día anterior a su natalicio; mamá hizo un cartel que hablaba sobre la tiranía.

La cuestión era que cada grupo, en cada salón, a la misma hora, colgase el cartel con la frase.

Llega el recreo y resulta que debían esconder en sus ropas muchos materiales y volantes porque hubo un malentendido de quien los debía tener.

Así a las apuradas, mi madre cuelga el cartel delante de muchas personas,
era el recreo y no la vieron, bueno... “casi nadie la vio”.

Termina el recreo, siguen las clases su curso normal; Sociología, el profesor entra y se hace el que no ve el cartel, entra un bedel con la lista, mira el cartel... se va.

Llega la directora y les dice que no se muevan y que saquen la cédula... se va. En un instante tiran los materiales por la ventana sin saber que debajo de ella estaban los milicos de brazos abiertos a la espera de sus papeles. Llegan, entran al salón, eran muchos, eran de la 6ª y llegaban para detenerlos. Salen en fila escoltados por ellos, por el patio del IPA, y los compañeros miraban desde sus salones sin poder creerlo.

Afuera les esperaban tres grandes camionetas azules y de ahí a la 6ª; era de noche tanto en cielo como en sus corazones aterrados por el miedo y la incertidumbre.

El comisario, “todo un personaje”, les hace un discurso sobre lo que les podía pasar, dice saber mucho de marxismo y les muestra libros de Marx, que tiene en la biblioteca de la comisaría y les dice que los quiere “ayudar” antes de que vengan los de Inteligencia,
se hacían los peleados con Inteligencia.

Con ellos tenían buen pasto para averiguar las cabezas del CEIPA.

Y los llevaron a Minas y Maldonado a Inteligencia, desde el primer momento violencia verbal y terror. Lo peor era que casi todos tenían entre 18 y 19 años y muchos ni se imaginaban la pesadilla interna de ese GOLPE.

Cuando llegaron a inteligencia y vieron como era todo
fue para ellos el derrumbe y lloraron sin parar.

Los entran a empujones y no podían mirar para ningún lado.

Ella logra ver algo y cuenta que había un mostrador y vestidos de particular “varios estudiantes” de vaqueros y pelo largo, los famosos “tiras”.

Los llevan a un patio cerrado y comienza el plantón. De piernas abiertas mirando a la pared y sin poder tocarla con la cabeza. Un milico de la Metro que iba y venía entre ellos jugando con el cerrojo de la ametralladora ¿quería asustar? ¿Y si se le escapaba un tiro? Pasaron muchas horas de plantón, mi madre tenía unos mocasines cocidos que terminaron con las costuras reventadas de tanto que se le hincharon los pies, ¿y saben lo más increíble?

No le dolía nada, ¿por qué? , porque estaba con todo el cuerpo
y su psiquis atenta y alerta a lo que pasaba y a lo que podía pasar.

A todo eso les muestran a alguien que estaba desaparecido y deciden hacerlo aparecer entre dos tiras que lo llevaban al baño, pasando en medio de ellos casi sin ropa, caminando arrastrado y todo bañado en sangre.

Tenían miedo hasta de ir al baño porque te acompañaban ellos
y vaya una a saber lo que te podía pasar.

De fondo habían gritos horribles, ladridos, ruidos de tiros, la música era siempre cumbia y las voces eran ellos que se aparecían y les decían: - “que palomitas tenemos para esta noche”.

Se acuerda de algo que hoy le da risa, y es que había un perro que lo zucaban hacia ellos y mi madre lo vio negro y enorme, pero en el relato de los demás era blanco, con manchas y chiquito.

Y comenzaron los interrogatorios uno por uno,
al miedo y la tensión se le sumaba ¡lo que dirían los demás!

Los interrogatorios eran terribles, cuando le toco a mi madre habían tres milicos, uno se hacia el bueno, el otro era malo y el tercero era neutro; la primera violencia era como te arrancaban la cartera, tiraban todo sobre una mesa y si aparecían anticonceptivos te llamaban: - ¡puta!, ¿te acostas con un comunista? Querían nombres, que ellos la iban a proteger y que si no aparecía el que puso el cartel no salían más y los iban a torturar a todos.

En el primer interrogatorio no averiguaron nada y se agudizó el factor asustar.

Los pusieron en fila y no les dijeron nada, los llevaban al primer piso que era donde estaban las salas de tortura; la picana, el submarino, algunos lloraban. Pero el paseo no terminó en el primer piso, siguieron hacia el segundo. Era el HORROR, como un campo de concentración. Era un lugar enorme, oscuro y había gente tirada por todos lados.

Había gente encapuchada y tirada, gente reventada a palos. La ventana, los vidrios rotos, recuerda que le habían contado que un compañero se había tirado por ahí al no soportar la tortura y nuevamente un escalofriante frío le corre por la espalda. Se acerca un viejito, un preso, con una taza de lata, y el humo que salía de ella. Era cocoa para todos, quizás alcanzasen a tomar un solo trago cada uno, pero alcanzó para que ella recordara ese aroma y ese gusto como la mejor cocoa que probó en su vida, y si, la leche calentita
es como estar en casa aunque sea por un ratito.

Amaneció, los formaron de nuevo, ¿a dónde los llevaban?, les gustaba jugar con el factor sorpresa. Los llevaron de nuevo a la 6ª, los varones al calabozo allí los esperaba un “estudiante” para sacarles información.

A las mujeres las llevaron a la oficina del comisario y otra vez el mismo sermón.
Nunca ni una palabra, nadie delató a nadie.

Ahí se enteran de que ese mismo día habían allanado sus casas; en algunas no había nada pero en otras había suficiente; las familias sabían muy bien lo que hacer, para algunas cosas no era necesario hablar o verse, sin hacerlo se podían comunicar y comprender.

La estadía fue un poco larga, pero hasta el día de hoy no se sabe si se creyeron que no sabían nada o fue la influencia del tío de una compañera de clase que era militar, pues ella estaba horrorizada y ni sabía que estaba en dictadura y se enteró ahí, del peor modo, “pobrecita”.

Los soltaron, mi madre salía de ahí con su frazada que le había llevado su hermano
y los cigarros La Paz suave que le quedaban.

Se sentía en una nebulosa, no sentía nada.

Llega a su casa y allí estaba toda su familia que no paraban de llorar y ella dura sin sentir.

Todas las noches se acostaba y se ponía alerta,
a escuchar a esas camionetas que podían parar en su casa,
a esos golpes que podría oír en su puerta
y a esas voces que podían decir “Fuerzas Conjuntas. Abran”.

Ella es nerviosa, a veces un poco malhumorada, comprensiva, fuma mucho, es profesora, es mamá, es mi MAMÁ; la vida le dio muchos golpes y también le dio el GOLPE.

Sentadas en la vereda de casa entre mate y cigarros,
me cuenta lo que le llevó casi veintisiete años recordar bien.

Salen despacito, cuestan, duelen, es que tanto tiempo en el olvido o queriendo ser olvidadas, hacen que sean muy difíciles de contar y que al contarlo la voz se quiebre en mil pedazos.

Una generación entera golpeada, una generación fuerte, que dejó una madre fuerte,
que para todos los golpes con su pecho,
que me enseñó lo hermoso de la vida
y que la amo con todo mi CORAZÓN.

Irene Castro

«««-»»»

POR TODOS ELLOS
SOMOS MEMORIA Y RESISTENCIAS

A 49 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO
ESTE 27 DE JUNIO MARCHAMOS


«««-»»»

¿No habrá algo de comida ahí?


A 49 años del golpe de Estado,
este 27 de Junio marchamos


Contra la historia oficial,
somos memoria y resistencias


«««°»»»

¿No habrá algo de comida ahí?

Era temprano, por la mañana.
Mismo casi enfrente del edificio donde vivo hay unos contenedores para la basura.
Yo tenía que ir al almacén, pero antes pasé para tirar una bolsa en uno de los contenedores.
Cuando lo estaba haciendo, una muchacha señalando la bolsa que yo estaba por tirar me dice:

- ¿No habrá algo de comida ahí?

Le dije que no, que en mi bolsa había sólo plástico y vidrio,
y me agradeció,
mientras lambeteaba una tapita
donde parecía haber un poco de mermelada.

Me fui caminando, con ese piñazo en el estómago.
A los pocos días íbamos a conmemorar un nuevo aniversario del golpe de Estado,
de ese terrorismo siempre impune que nos ha hecho tanto daño.

Contra la historia oficial,
que nos acusa de tener los ojos en la espalda,
está el dolor por las desapariciones, la cárcel y la tortura,
el exilio y la represión que sufrieron millares de uruguayos.

Contra la historia oficial están las resistencias,
de ayer y de hoy,
está la huelga general y la protesta estudiantil,
están quienes perdieron sus conventillos por segregación racista,
están los miles que tuvieron que sufrir persecución, con miedo y en silencio.

Esos silencios hoy gritan,
y gritan junto a la muchacha que pregunta: ¿No habrá algo de comida ahí?

«««-»»»
Trayecto de la marcha del 27 de Junio

«««°»»»

A 49 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO
ESTE 27 DE JUNIO MARCHAMOS


Organiza: Coordinación 27 de Junio
Adhieren y convocan:
- ADES, Montevideo (Asociación de Docentes de Educación Secuendaria)
- Agrupación sindical “Qué Hacer” (ADEOM, Asociación de Empleados y Obreros Municipales)
- Coordinación para el Cambio (AEBU, Asociación de Bancarios del Uruguay))
- AFCASMU (Asociación de Funcionarios de Casmu)
- AFFUR (Agremiación Federal del Funcionarios de la Universidad de la República)
- AFUTU (Asociación de Funcionarios de la Universidad del Trabajo del Uruguay)
- Corriente Amalia Mercader (AFUTU)
- ASSEC (Asociación de Empleados Estadísticas y Censo)
- FFOSE (Federacoón de Funcionarios de Ose)
- MILITANTES CLASISTAS
- SAG (Sindicato de Artes Gráficas)
- SUATT (Sindicato Único de Automóviles con Taxímetro y Telefonistas)
- SUNTMA (Sindicato Único de Trabajadores del Mar y Afines, Sectores Mercante y Pesca)
- UFC (Unión de Funcionarios del Codicen)
- UTMIDES (Unión de Trabajadores Ministerio de Desarrollo Social)
- AEES (Asociación de Estudiantes de Educación Social)
- CCEU (Coordinadora de Centro Estudiantes de Utu)
- CECODI (Centro de Estudiantes de la Escuela Superior de Comunicaión Social y Diseño Gráfico, Utu)
- CECSO (Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales)
- Humanidades en Acción (CEHCE-FEUU)
- CEIPA (Centro de Estudiantes del Instituto de Profesores Artigas)
- CEM (Centro de Estudiantes de Magistterio)
- GEB (Centro de Estudiantes del Bauzá)
- GED (Centro de Estudiantes del Dámaso)
- GSM (Gremios de Secundaria Metropolitanos)
- ALTERNATIVA FM (radio autogestionada)
- LA IZQUIERDA DIARIO (red internacional de información)
- REACTIVA CONTENIDOS (colectivo de comunicadores militantes)
- Agrupación de mujeres PAN Y ROSAS, Uruguay
- ANTIMAFIA DOS MIL, Uruguay
- BOLSO ANTIFASCISTA
- Colectivos y militantes sociales y sindicales contra toda la LUC
- OUR VOICE
- PARTIDO HUMANISTA
- PLENARIA MEMORIA Y JUSTICIA
- Resistencia y Solidaridad, ROE (Resistencia Obrero Estudiantil)

«««-»»»

Las bicicletas de Rosario


«¿Alguien vio una bici que dejé aquí?»
Fernando Traverso
Las bicicletas de Rosario

«««°»»»


Las bicicletas de Rosario

Fernando iba caminando por una calle de Rosario, Argentina,
cuando se cruzó con un amigo en bici.
Contra la costumbre habitual, éste no lo saludó.
Después de andar unos metros, encontró la bici atada a un árbol, sola.

¿Conocen la historia?

Ante este hecho extraño,
al otro día Fernando fue al lugar
donde su amigo había atado su bicicleta,
la misma seguía en el lugar.

En ese momento se dio cuenta de que su amigo
había sido secuestrado por las fuerzas del terrorismo de Estado.

Comprendió que su amigo sabía que lo estaban siguiendo
y que por tal motivo omitió el saludo,
para no revelar que lo conocía.
De otra manera, ambos hubieran sido víctimas de la desaparición
que incluía al considerado sospechoso y a su entorno.

Más tarde, Fernando Traverso, que es artista,
escribió un poema basado en este episodio,
uno de cuyos versos dice:

"Me cuidaste y seguiste de largo".

La aparición de grafitis de bicicletas en la ciudad de Rosario
durante los años 2001 y 2002 despertó la curiosidad.

La presencia de un número en cada bicicleta era una de las incógnitas.
Cuando en algunas paredes se borraron las bicicletas,
el autor escribió sobre el mismo muro:

¿Alguien vio una bicicleta que dejé aquí?

Las bicicletas se convirtieron en símbolo de la memoria histórica,
en especial porque fue premiada
por el Museo Municipal de Bellas Artes Juan Castagnino.
En aquella ocasión el artista declaró:

Una bicicleta vacía refleja la imagen de un cuerpo ausente.

"Las bicicletas de Rosario" es una obra de arte urbano de Fernando Traverso,
compuesta por 350 dibujos realizados en aerosol de color negro por medio de un esténcil,
con la representación de bicicletas de tamaño real.

Están pintadas en muros de casas y edificios.
Debajo de la bicicleta se encuentra un número seguido de una barra y la cifra 350.
El número corresponde a los casos de desaparición de personas
durante la dictadura denunciados en Rosario

«««-»»»

Las bicicletas de Rosario

«««°»»»

A Raúl Sendic, Xenia Itté y Jorge Zabalza


Raúl Sendic

Xenia Itté

Jorge Zabalza

«««°»»»


A Raúl Sendic, Xenia Itté y Jorge Zabalza

Se nos han ido físicamente en estos años muchos queridos compañeros.
Voy a concentrarme en tres de ellos
con quienes me unen lazos que no desaparecen con el tiempo, ni con la muerte.
Porque anduvimos mucho tiempo tratando de esquivar a la muerte y años quizás,
tratando de que esa muerte viniera a buscarnos
para romper la angustia de una existencia miserable en los agujeros de la dictadura.
Me refiero ahora a Raúl Sendic, a Xenia Itté y al Tambero Zabalza.
Con Xenia y Raúl anduvimos en esa etapa en la que decidimos no irnos del país
y tratar de sacar a todos los tupamaros que aún estaban en el país.
Para después irnos al monte del Queguay y ver cómo hacer para reorganizarnos.
Pero nos capturaron.
Con Raúl, el Tambero y seis más,
anduvimos penando por el brutal camino del aislamiento durante 12 años.
Lo que pasamos en esos periodos, cauterizó faltas y errores
y nos dejó al final templados, como se tiempla el acero, a puro fuego.

A los tres los marca y los une la solidaridad. La verdadera.
El amor por los demás, especialmente por los desposeídos
y el desprecio al poder, la gloria, la fama y la vanidad de los hombres.
Hoy duele ver a la izquierda uruguaya, sucumbir por la ambición de los sillones,
de los cargos, del poder
y convertirse en los mismos mercachifles que antes querían erradicar.
Hoy el amor por los semejantes,
en la izquierda, se ha transformado en hacerse reclames para obtener posiciones,
puestos de mando y realizar cosas materiales que se vean,
pero que no tienen mucho que ver con ayudar a los desprotegidos.
No es extraño entonces que los señores feudales (léase militares)
hayan retomado el poder y con arrogancia y maldad,
señalen únicamente a los tupamaros asesinos
y escondan 197 asesinatos con desapariciones,
encubran y abracen a los canallas. A los genocidas.

Y la llamada “izquierda” parece haber aprendido del avestruz,
a meter la cabeza en un agujero y no ver lo que sucede.
Los distraídos en la nueva izquierda
miran para otro lado si cualquier acontecimiento puede amenazar sus sillones.
El espíritu renovador, el afán de hacer el bien,
que caracterizó a la mayoría de los ministros allá por el 2004,
se transformó en una arrogancia de pasión por un sillón bonito
y la sensación de estar formando parte de una aristocracia nueva.
Muchos, muchísimos se convirtieron en “políticos”.
Siempre recuerdo la definición de Raúl:
“No soy ni seré un político, soy un luchador social”.
La diferencia es enorme. Sendic, el Bebe, Jorge el Tambero y Xenia Itté,
nunca fueron políticos, vivieron y murieron como luchadores sociales.

Que el recuerdo de estos luchadores sociales
nos inspire para llevar adelante las profundas reformas que el país necesita
para erradicar la pobreza y proporcionar trabajo a quienes lo necesitan.

Raúl, Xenia y Jorge:
nosotros desde este lado del universo,
tenemos que luchar por la tierra y contra la pobreza.
Idea fundamental que aún no se ha cristalizado.
¡Hasta Siempre queridos!

Henry Engler
Luchador Social

Idea Vilariño. Apuntes de su sentir



Cubierta del libro Poesía completa,
Editorial Lumen (2016).

«««°»»»


Poemas

Pobre mundo

Lo van a deshacer
va a volar en pedazos
al fin reventará como una pompa
o estallará glorioso
como una santabárbara
o más sencillamente
será borrado como
si una esponja
mojada
borrara su lugar en el espacio.
Tal vez no lo consigan
tal vez van a limpiarlo.
Se le caerá la vida como una cabellera
y quedará rodando
como una esfera pura
estéril y mortal
o menos bellamente
andará por los cielos
pudriéndose
despacio
como una llaga entera
como un muerto

en: Idea Vilariño, Pobre mundo, 1966.

Pobre mundo en la voz de Idea Vilariño.
Abrir en página nueva:

Pobre mundo

«-»


El color de la tierra.
Plato de cerámica raku.

«««°»»»


No hay ninguna esperanza

No hay ninguna esperanza
de que todo se arregle
de que ceda el dolor
y el mundo se organice.
No hay que confiar en que
la vida ordene sus
caóticas instancias
sus ademanes ciegos.
No habrá un final feliz
ni un beso interminable
absorto y entregado
que preludie otros días.
Tampoco habrá una fresca
mañana perfumada
de joven primavera
para empezar alegres.
Más bien todo el dolor
invadirá de nuevo
y no habrá cosa libre
de su mácula dura.
Habrá que continuar
que seguir, respirando
que soportar la luz
y maldecir el sueño
que cocinar sin fe
fornicar sin pasión
masticar con desgano
para siempre sin lágrimas.

en: Idea Vilariño, Nocturnos, 1955.

No hay ninguna esperanza en la voz de Idea Vilariño.
Abrir en página nueva:

No hay ninguna esperanza

«-»


Dolores y llantos de la madera

«««°»»»



Ya no
Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme.
Nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.

en: Idea Vilariño, Poemas de amor, 1958.

Ya no en la voz de Idea Vilariño.
Abrir en página nueva:

Ya no

«-»


Fantasías autumnales.
Hojarasca en el Parque de la Recoleta, Buenos Aires.

«««°»»»


Abrir en página nueva,
archivo en formato pdf:

Idea Vilariño. Apuntes de su sentir

«««-»»»

Cada primero de mayo serán resucitados


¡VIVA EL PRIMERO DE MAYO!

¡HABLAN LOS QUE LUCHAN!


«««°»»»

«Spies grita:
‘La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que
cuantas palabras pudiera yo decir ahora’.

Les bajan las capuchas,
luego una seña, un ruido, la trampa cede,
los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable…»

(Relato de José Martí que cubrió como periodista
la ejecución en Chicago, noviembre de 1887)

August Vincent Theodore Spies
(alemán, 31 años, periodista,
uno de los cuatro ahorcados por las manifestaciones de mayo de 1886)
Trabajando en el adoquinado de Lisboa

«««°»»»

11 de noviembre de 1887 - Chicago
por Eduardo Galeano

Cada primero de mayo serán resucitados.
Les espera la horca. Eran cinco, pero Lingg madrugó a la muerte haciendo estallar entre sus dientes una cápsula de dinamita. Fischer se viste sin prisa, tarareando "La Marsellesa". Parsons, el agitador que empleaba la palabra como látigo o cuchillo, aprieta las manos de sus compañeros antes de que los guardias se las aten a la espalda. Engel, famoso por la puntería, pide vino de Oporto y hace reír a todos con un chiste. Spies, que tanto ha escrito pintando a la anarquía como la entrada a la vida se prepara, en silencio, para entrar en la muerte.
Los espectadores, en platea de teatro, clavan la vista en el cadalso. Una seña, un ruido, la trampa cede... Ya, en danza horrible, murieron dando vueltas en el aire.

José Martí escribe la crónica de la ejecución de los anarquistas en Chicago. La clase obrera del mundo los resucitará todos los primeros de mayo. Eso todavía no se sabe, pero Martí siempre escribe como escuchando, donde menos se espera, el llanto de un recién nacido.

Fuente:
Eduardo Galeano, Memorias del Fuego,
en Cuba Debate


quién lo diría
los débiles de veras
nunca se rinden

Mario Benedetti, Haiku n° 60.

«««°»»»